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martes, 29 de diciembre de 2020

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domingo, 27 de diciembre de 2020

diciembre 27, 2020

En todo ser humano hay grandeza, Mario Alonso Puig

 

Soy Mario Alonso Puig.

 https://marioalonsopuig.com

Cuando no hay un enemigo en tu interior el enemigo de afuera no puede hacerte daño.

  • Antes de esperar que el mundo cambie nosotros debemos ser ese cambio.
  • Antes de que otros confíen en ti primero has de creer en ti.
  • Antes de que otros te quieran tú debes quererte.

Mi trayectoria fundamentalmente está muy basada en la medicina, en la cirugía, 26 años en quirófanos en distintos países, y siempre muy marcada por el interés de cómo un médico puede verdaderamente conectar con otro ser humano y ayudarle a hacer frente a desafíos que, a veces, son francamente serios. Mi formación fue muy técnica, muy científica, que yo completé buscando qué podía hacer que la comunicación, qué podía hacer que la conversación activara mecanismos en el cuerpo que favorecieran la curación. Topé con una ciencia que estaba en sus orígenes, la psiconeuroinmnunobiología, que estaba empezando a investigar cómo la mente, a través del sistema nervioso y del sistema endocrino, puede afectar a nuestro sistema de defensa, el sistema inmune. Aquello me llevó a profundizar en otros campos, el liderazgo, la comunicación... y, de alguna manera, a tomar perspectiva sobre nuestra forma de tratarnos unos a otros. Nuestra forma de hablar unos con otros, nuestra forma de entendernos a nosotros, a los demás y al mundo, y, si bien, la medicina es una ciencia apasionante, el ser humano es la cuestión infinita, empiezas y nunca acabas. Mi interés por la educación es mi interés por sacar del ser humano lo que de verdad tiene dentro. No creo que ningún ser humano esté llamado a la mediocridad. Realmente, no lo creo. Creo que todo humano está llamado a la grandeza, y la grandeza no la define la cultura. La grandeza es una cosa que la define nuestra propia naturaleza. La palabra "educación", en el fondo, quiere decir "sacar de dentro". No somos cubos vacíos que llenar, sino fuegos que hay que encender. En este sentido, me gustaría contar una historia que me ha marcado mucho. He hablado en distintos foros sobre esta historia porque señala lo que, para mí, es la diferencia entre profesores y maestros. En 1951, en la ciudad de Detroit, nace un joven, un chico de color que pronto nota lo que es la pérdida, porque siendo jovencito el padre se va y se queda la madre, una mujer que no tenía estudios, una mujer que se había dedicado a cuidar de sus hijos y se ve en la situación de tener que sacar adelante una familia sin que, en ese momento, entrara ninguna ayuda económica. Se dedica a limpiar apartamentos, a limpiar hospitales, etcétera, y, claro, cuando uno ha vivido en Detroit como he vivido yo, trabajé en el hospital Henry Ford, en neurocirugía. Cuando uno ha vivido allí se da cuenta de que Detroit puede ser apasionante, pero en ciertas épocas de la historia ha sido una ciudad bastante complicada. En los años 50 verdaderamente había un apartheid una especie de apartheid, es decir las personas de color debían sentarse en sitios distintos que las blancas, tenían que ir a baños diferentes, etcétera, y este chico era de color, era un chico pobre, y que pronto fue destacando, no por su talento, sino por lo que consideraban que era su estupidez. Tampoco por su serenidad, sino por su tendencia, su temperamento violento. Cualquiera que hubiera tenido una bola de cristal, habría imaginado que este chico acabaría, sin duda, en un penal en los Estados Unidos, si no muerto en un combate entre bandas enfrentadas. Pasaba sus ratos, se olvidaba de su triste condición viendo la televisión, hasta que un día, su madre decidió que iban a ver menos televisión y se iban a dedicar más a leer libros, y les obligó a leer libros yendo a la biblioteca pública, ya que ellos no podían comprarlos. El joven Ben, el joven Benjamín empezó a enamorarse de los libros. Un buen día, llega al colegio, quiero que entendáis que tenía las peores notas, su performance era francamente lamentable, las notas eran pésimas y, lógicamente, en poco tiempo sería expulsado del colegio. Pero había un profesor, el profesor de ciencias que, verdaderamente, era un maestro, él creía que en todo ser humano hay grandeza y potencial, y que la misión de un maestro es ayudar a que ese potencial se despliegue y florezca. Pero no conseguía que este chico respondiera a los distintos intentos que había hecho para que ganara confianza en sí mismo. Un día, el maestro aparece con una piedra muy rara, la levanta delante de la clase, y pregunta: "¿Qué es esto?", se produce un silencio porque nadie sabe lo que es eso salvo una persona que ya os imagináis quién era, Benjamín, pero Benjamín era el tonto de la clase. La primera pregunta es: ¿por qué lo sabía? Lo sabía porque en la biblioteca pública había leído libros de ciencias y, por casualidad o sincronicidad, quién sabe, había encontrado libros sobre minerales y había una foto de esa piedra. ¿Pero pensáis que el tonto de la clase se atreve a hablar? No, porque tú mismo matas la respuesta antes de que nazca. "Es imposible, si no lo sabe el resto, debo estar equivocado aunque parezca que estoy en lo cierto". Pero el profesor sostenía la roca: "¿De verdad que nadie sabe lo que es esta roca?", y, tímidamente, el joven Benjamín alzó la mano. Cuando alguien solo ve el performance y solo enjuicia a los demás, es muy fácil decir: "Benjamín, ¿cómo lo vas a saber tú?, si tú no sabes nada". Pero aquel profesor mantuvo un espíritu curioso, interesado, él sabía que en todo ser humano hay grandeza, la buscaba, la llamaba constantemente. "Benjamín, ¿tú lo sabes?", "Sí", "¿Qué es?", "Obsidiana", "Correcto", pero el profesor podía haber dicho: "Todo el mundo puede tener suerte", podría haber dicho eso, pero no, porque él estaba buscando el hilo que te lleva a la madeja. Dijo: "¿Sabes algo más de la obsidiana?", y vaya que si sabía el joven Benjamín, empezó a hablar sobre la obsidiana, las temperaturas elevadísimas, luego el frío cómo cristaliza la roca, etcétera. Lo que podría parecer una cosa sencilla sin más importancia, banal, supuso un antes y un después en la vida de este chico, porque recuperó la confianza en sí mismo, creyó que era posible aprender, creyó en sí mismo, creyó que, a pesar de su triste cuna, por decirlo de alguna manera, podría tener un brillante futuro. Este chico pasó de ser el último de la clase a ser el mejor estudiante de su colegio. Hizo realidad su más profundo sueño, que era imposible: ser médico. Ha sido el mejor neurocirujano infantil de la historia, el profesor Ben Carson. Ben Carson, en 1987, hizo una operación de separar a dos gemelos siameses unidos a nivel craneoencefálico. Todas las cirugías realizadas hasta aquel momento para separar un craneopago, esta malformación craneoencefálica, todas, los niños habían muerto en la mesa de quirófano. En esta operación, en 1987, intervinieron 70 profesionales de la medicina y duró 22 horas. Los dos niños salieron adelante, vivieron y estuvieron bien y sanos. Él aplicó técnicas especiales de cirugía cardíaca a la neurocirugía, a nadie se le habían ocurrido. Entonces, lo que quiero transmitir es esto, es un ejemplo de cómo en todo ser humano hay potencial, en todo ser humano hay grandeza, y tenemos, entiendo, que tener esta disposición a crear espacios de oportunidad para que esas personas puedan mostrar lo que, en realidad, siempre han tenido y siempre tendrán, pero que no todo el mundo mostrará si no ve ese espacio de oportunidad. Por favor. -Hola, Mario. Soy María. -María. Como educadora, creo que la motivación es necesaria para el aprendizaje, y tú dices que hay seis motivaciones fundamentales para una persona. ¿Podrías hablarnos de ellas? Sí, es una gran pregunta. La motivación es lo que nos mueve a la acción, y hay seis motivaciones que, además, están presentes en las distintas culturas, es una mezcla de nuestra naturaleza y, también, el entorno cultural. La primera es la motivación de estar en entornos seguros, de poder controlar lo que pasa, de saber que el suelo que pisamos es un suelo firme. La segunda es una motivación de sentirnos reconocidos, sentirnos valorados, de tener un cierto estatus. La tercera es de pertenecer al grupo, es decir, que lleguemos a un sitio y entendamos, sintamos que nos acogen, que no nos desprecian, que no nos marginan. La cuarta es una motivación al desafío, al reto. Si en la vida no hubiera retos, María, sería muy aburrida. A veces, nos gusta mucho estar en la zona de confort, pero durante un tiempo, al cabo de un tiempo, no hay quien lo aguante. Ese reto, ese desafío es una motivación importante. La quinta motivación es la de crecer, mejorar y progresar, y la sexta es la de contribuir al bienestar de otras personas, tener una vida con propósito. Lo más importante son las motivaciones fundamentales que nos mueven dentro de las seis. Si una persona, toda su fuerza la lleva a la aventura, la lleva al descubrimiento, al reto y, sin embargo, no cuida un poco la motivación de la seguridad, a lo mejor se puede meter en aventuras insensatas, ¿no? Entonces, hay un equilibrio natural que hace que las personas nos mantengamos, de alguna manera, en una línea razonable. Cuando alguna de ellas toma una preponderancia o una significancia demasiado grande, es cuando podemos tener ciertos problemas. ¿Te respondí, María? -Sí, muchas gracias. -A ti. Hola, Mario. Soy Lorenzo y soy maestro y veo que hay jóvenes, en la familia y en la escuela, que todavía no han descubierto sus talentos, ni siquiera saben que tienen talentos. Entonces, la pregunta es: ¿Cómo podemos captar esos talentos y cómo podemos potenciarlos? Fíjate, si nadie se ha dado cuenta, ni en la familia ni en la escuela, que ese joven tiene talento, yo diría que el problema no está en el joven, está en la familia y en la escuela. Es lo primero que tenemos que ver, que todos tenemos la responsabilidad de buscar el talento, de conectar y de ayudarle a florecer. Pues fíjate, el talento, una forma de descubrirlo es curiosa. El talento viene muy marcado por algo que se te da especialmente bien, pero es tan natural en ti que nunca le has dado importancia. Nunca le has dado importancia porque para ti es natural, fluye, y, con frecuencia, los demás te lo dicen, pero no como "oye, vaya talento tienes", sino mejor: "oye, que bien se te da hablar, qué bien se te da escribir, qué bien se te da dibujar, qué bien se te da moverte, qué bien se te da resolver conflictos", y cómo es natural, no le das ningún valor. Mi experiencia a lo largo de los años me viene a mostrar que uno ha de buscar el talento en aquello que le es natural, porque el talento siempre deja huella, siempre se expresa, y hay cosas que nos pueden parecer que son irrelevantes. Yo, por ejemplo, me decían de jovencito: "Cuando cuentas una historia nos quedamos absortos", yo jamás pensé que esto tendría tanto impacto con mis enfermos. Cuando le contaba a mis enfermos las cosas, cómo íbamos a luchar juntos contra la enfermedad, etcétera, yo veía que se producía un estado de ánimo sorprendente, tampoco pensé que eso tuviera especial valor, ni que me dedicara, en la segunda etapa de mi vida, mucho más al tema de la comunicación, a escribir. Pues eso es lo que quiero decir, que todo ser humano tiene un talento, y ese talento va dejando huellas, va mandando mensajes, y tenemos que ser un poco más sensibles para entender que el talento tiene muchas formas, y luego, por otra parte, te diré, Lorenzo, que es muy importante mirar a todo ser humano como se mira aquello que ves como sumamente valioso. De toda la conversación, lo más importante es la forma de mirar, porque la forma de mirar tiene la capacidad de transmitir con enorme hondura cómo tú estás viendo a esa persona. Cuando tú miras a un ser humano como se mira aquello que es valioso, como somos espejos frente a espejos, esa persona empieza a reconocer su propio valor, y en ese reconocimiento es más fácil que cualquier talento, cualquier capacidad, encuentre un espacio natural para desplegarse. Yo creo, para mí, eso es clave, ver a todo ser humano como grandeza en potencia. Unos lo expresarán en mayor o menor grado, pero esa grandeza está en todo ser humano. Hola, Mario, mi nombre es Antonio. Soy maestro de Educación Primaria y mi pregunta es la siguiente: en alguna entrevista mencionas a Gandhi, que sabemos que era abogado de formación pero nunca ganó ningún pleito, pero, sin embargo, podemos decir que llegó a cambiar el mundo, entonces, ¿nos podría explicar este ejemplo, y, sobre todo, cómo aplicarlo al ámbito educativo? Sí. La historia de Gandhi es una historia verdaderamente, yo diría, sorprendente. Gandhi padecía lo que se podía llamar una enorme timidez, una timidez profundamente limitante. Como tú has comentado, él se formó como abogado en Inglaterra, ejerció en Bombay y no ganó ningún pleito. Un abogado ha de tener una buena retórica, una buena capacidad de comunicación, no la tenía. Tuvieron un problema, un familiar que vivía en Sudáfrica tuvo un problema legal y consideraron, la familia, que si el joven Mohandas, su nombre es Mohandas, Mahatma quiere decir "alma grande", Mohandas Gandhi fuera allí, a lo mejor, en el camino se espabilaba, como cuando se manda a un hijo o a un sobrino al extranjero, a ver si con el aire se espabila. Entonces, ¿qué pasa? Que algo le sacudió profundamente: la injusticia que vio, y este es un punto clave, porque cuando el corazón de un ser humano es tocado con tal nivel de impacto, el cerebro empieza a operar de una forma radicalmente distinta. Gandhi fue un hombre que ya ni siquiera movilizaba a la gente por su capacidad de comunicación, su simple presencia ya movilizaba. ¿Qué nos quiere decir esto? Nos quiere decir pues lo que hemos estado hablando antes, no cabe duda que el elemento genético cuenta, ¿cómo no va a contar?, no es el definitivo, marca una tendencia, pero no determina, influye pero no determina. ¿Qué ocurre? Que para que uno dé la vuelta a esa tendencia, tiene que tener una fuerza, una motivación, antes preguntaba María por la motivación, una motivación lo suficientemente potente para que el cerebro empiece a trabajar de una manera radicalmente distinta, es lo que te diría. Por eso nunca hay que dar a nadie por perdido. Imaginemos que hubieran dicho: "Este Mohandes, que no sabe ni siquiera hablar en un juicio". El ser humano siempre nos va a sorprender, es lo que te diría yo, y enhorabuena por tu profesión porque es preciosa, y a la edad en la que tú intervienes el impacto es impresionante. Mi nombre es Pablo y te quería preguntar cuál es, para ti, la clave de la educación. Querer a los niños. Para mí la clave de todo, de todo en la vida es querer. Querer a las personas con las que estás, quererte a ti, querer a la vida, a la naturaleza, querer el progreso, querer el bienestar, es querer. Porque si tú quieres, supongamos que hablamos de educación infantil, si tú quieres a un niño, harás todo lo que esté en tu mano para ayudarle a salir adelante. Si tú quieres a un enfermo y le quieres de verdad y no sabes hacer una operación quirúrgica determinada, buscarás a una persona que la haga mejor que tú. Es querer, donde el ser humano entiendo que tiene un desafío es en el querer, pero en el querer de verdad a la otra persona, querer que salga adelante, querer que florezca, querer que sea plenamente feliz, y cuando esto es aplicado en entornos como la medicina, los enfermos están más sanos. Cuando se aplica a la empresa, la gente es más feliz. Cuando se aplica en la universidad, se aplica en el colegio, se aplica en la escuela, los niños tienen mejores resultados. Para mí esa es la clave, querer, y si me dijeras: "¿Y otra?", creer. Es fundamental que entendamos que creer, la fe, no es un acto del entendimiento, es un acto de la voluntad. Si fuera del entendimiento, ¿para qué necesito la...? Si lo veo, pero elijo eso, elijo tratar a las personas como si todas tuvieran potencial aunque no lo hayan expresado, y eso se transmite con la mirada, con el gesto, se transmite con la respuesta que tenemos ante el error, la respuesta que tenemos ante el acierto, el acompañamiento que llevamos a cabo. Creo que a veces complicamos mucho las cosas, creo que lo verdaderamente valioso es tremendamente sencillo, y yo creo que son cuatro principios que si se aplican, querer a las personas, creer en ellas, valorarlas y potenciarlas, si hacemos eso, a mí, personalmente, me parece que todo funciona. Si no les queremos, no creemos en ellos, no les valoramos y no les potenciamos, pues creo que tenemos otra historia. Yo soy padre de dos hijos, cada uno es diferente. El cociente intelectual solo influye en un 8 %, aproximadamente, del éxito en la vida, ¿qué es el otro 92, cómo conseguimos el otro 92? Bueno, vamos a ver, Juan. Cuando se habla de porcentajes hay que entender que siempre hablamos de forma aproximada, eso es como cuando, a veces, me dicen: "Oye, Mario, ¿es verdad que solo se utiliza el uno por ciento del cerebro?", digo: "¿Es que acaso conocemos cuál es el 100 %? Si no conocemos el 100 %, no podemos saber el uno por cien". Pero hay muchos estudios que avalan lo que tú has dicho, es decir, el test de cociente intelectual, que se llama corrientemente de coeficiente intelectual, lo correcto es de cociente intelectual, fue creado en 1912 y se ha convertido, se convirtió en aquella época, fíjate, cambió por completo la orientación que le dio el descubridor. El descubridor, el creador quería dar una orientación para que cuando se vieran cocientes intelectuales que no correspondían a la edad, cuando la edad mental y la edad biológica no correspondían, que a esos niños se les tratara con especial afecto, especial cariño, y se pusiera especial disposición para que subiera. Pero fue interpretado o fue utilizado como sistema de cribaje: listos y el resto. Uno de mis maestros, Howard Gardner, dedicó montones de años de su vida a estudiar la inteligencia y se dio cuenta de que no podemos hablar de una inteligencia, la teoría de las inteligencias múltiples, y hay dos inteligencias, que son la intrapersonal, que es la capacidad de reconocer tus estados emocionales y de poderlos modificar de forma positiva, y la interpersonal, que es la capacidad de entender qué pasa en la otra persona y relacionarte con lo que pasa en ella, que son absolutamente claves en el éxito en la vida. Una persona que no sepa gobernar sus estados de ánimo, que un día se levante sin ganas de hacer nada y ese estado de ánimo no lo pueda alterar, o que un día tenga ira y no sepa canalizarla de una manera positiva y adecuada, o tenga miedo y no pueda superar su miedo, es difícil que progrese en la vida. Una persona que no sepa entender a los demás, resolver conflictos, pues es difícil que progrese en la vida. Pues estas dos inteligencias no existen en el test de cociente intelectual, como no existen otras, la inteligencia musical, la kinestésica, la naturista, la espiritual, no están. Entonces, ¿qué ocurre? Que vista la relación que hay entre éxito en la vida en un sentido amplio, a lo mejor hay que redefinir lo que es el éxito, y cociente intelectual, se ve que, efectivamente, un porcentaje enorme de personas que han tenido éxito, ese éxito no es atribuible a su test de cociente intelectual. Esto es magnífico, no niega que el cociente intelectual sea importante, lo que hace es expandir nuestro concepto de la inteligencia. Entonces, sobre tus hijos. Efectivamente, son diferentes, y es maravilloso que lo veas así, porque, si no los vieras diferentes, si los vieras como tú, es que a lo mejor estás proyectando en ellos tu propia forma de ser, ¿no? Habrá uno de tus hijos, tal vez, que tenga un tipo de inteligencia, el otro tendrá otra, lo que es importante es que siempre, cuando estén contigo, sientan que son inteligentes. Hemos caído en el tremendo error, y una persona de la que yo he aprendido mucho, Sir Ken Robinson, lo marca mucho, como de hacer que solo un tipo de persona es la adecuada, no. Necesitamos múltiples perfiles, un pavo real no es ni mejor ni peor que un águila real. Cuando un hijo nota, siente que es valioso, que tiene inteligencia, que tiene una forma distinta de procesar que el otro, su autoestima no es dañada. Es que la autoestima es clave, porque, al final, nuestra capacidad de hacer frente a los desafíos o nuestra incapacidad, la mayoría de veces, no tiene que ver con el mundo real, tiene que ver todo con el mundo mental. Te pongo un ejemplo: En Reino Unido se hizo un estudio fascinante, se buscaron dos grupos de estudiantes homogéneos en cuanto a edades, aproximadamente con el mismo background cultural, pero con dos diferencias. Una de ellas era que uno de los grupos eran, teóricamente, chicos bastante más inteligentes que el resto según el test de cociente intelectual, pero estos que eran más inteligentes objetivamente de acuerdo al test de cociente intelectual pensaban que la inteligencia era algo fijo, que no se podía expandir. El otro grupo era un grupo de chicos, teóricamente, con menor inteligencia según el test, pero que creían que la inteligencia con el esfuerzo se expande. Les pusieron una serie de problemas de matemáticas complejos. El grupo de los chicos entre comillas más inteligentes, al ver que no lo podían resolver y dar por hecho que la inteligencia no se expandía, abandonaron. El tiempo no era un tiempo reducido, les daban tiempo. Abandonaron diciendo: "Si no soy capaz de entenderlo, no hay nada que hacer. Me falta la inteligencia necesaria para hacer frente a este problema". Los otros chicos tampoco sabían, de hecho partían de un nivel inferior, pero creían que la inteligencia se expandía con el esfuerzo, y siguieron y resolvieron los problemas y quedaron mejor. Eso es lo que te quiero decir, que el componente emocional, el componente autoestima, el componente confianza en ellos y en sus posibilidades es absolutamente crucial, ellos acabarán encontrando su camino, pero no encontrarán su camino si creen que no son capaces de encontrarlo. Para mí, tu libro "Reinventarse" es una magnífica lectura para momentos complicados y personas que pueden necesitar un cambio en su pensamiento. La pregunta es: ¿Qué dice la ciencia acerca de ese cambio de pensamiento? Bueno, la ciencia, Lorenzo, incluye múltiples campos. Entonces, me voy a referir si te parece a la neurociencia, ¿te parece? La neurociencia en esto es absolutamente clara y, de hecho, "Reinventarse" lo basé en lo que la ciencia ha descubierto, la neurociencia. Sobre todo, lo que se llama la neurociencia afectiva, cómo el cerebro procesa las emociones y los afectos, sentimientos y emociones están conectados pero son distintos. Es un tema fascinante, que fíjate la envergadura que tiene, que ya nuestro premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel en 1906, ya lo intuyó. En aquella época era imposible con la tecnología del momento poderlo demostrar, pero era un hombre tan absolutamente genial en su forma de ver las cosas que lo intuyó cuando dijo: "Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro". Las personas, muchas veces, no cambiamos, no porque no se pueda cambiar, sino porque no estamos dispuestos a hacer lo necesario para cambiar, ni tenemos el nivel de inspiración ni de ilusión suficiente como para estar verdaderamente comprometidos y levantarnos después de cada caída, ni tenemos una estrategia que funcione y que podamos aplicar, ni, a veces, tenemos la disciplina necesaria para ir incorporando ciertas prácticas en el día a día. Cuando uno tiene la inspiración, es decir, ves una posibilidad que dices: "Oye, si esto apareciera en mi vida, voy a otro nivel", o una estrategia que no ha de ser ni sofisticada ni compleja, sino sencilla, estos son los pasos que he de seguir, y cuando tú, cada día, te vas entrenando, es inevitable que se produzca un cambio en la citoarquitectura del cerebro; es inevitable. Se forman nuevas conexiones, se forman nuevas vías y se forman nuevas neuronas, al menos, en dos lugares. Uno no viene al caso porque no tiene, en principio, mucha relevancia en el mundo del que hablamos, pero el otro sí, que son los hipocampos. Los hipocampos, de alguna manera, no solo procesan mecanismos muy complejos en relación con la memoria, sino que también controlan unos núcleos, que se llaman núcleos amigdalinos, donde está el núcleo central del miedo. Es decir, hacen que veamos las cosas con menos miedo. Todos nosotros podemos cambiar, podemos activar genes, podemos desactivar genes, crear nuevas conexiones. Entonces, ¿qué nos dice? Nos dice la neurociencia que vivamos con pasión, con entusiasmo, con fe en nosotros y en nuestras posibilidades y que estemos dispuestos a llevar a cabo el entrenamiento necesario para incorporarlo, para que pase del saber al saber hacer, y cuando uno está con personas realmente relevantes en el mundo del deporte, de la ciencia, te das cuenta de la disciplina que ponen en su vida. Todos los días se entrena, no hay un día que digan: "No, hoy no me entreno", se entrenan un poquito. Eso es una maravillosa oportunidad, porque quiere decir que nuestro pasado no tiene que predecir nuestro futuro. Si una persona quiere cambiar cómo ha vivido hasta ahora, lo puede hacer, ahora, necesita estos ingredientes: un verdadero entusiasmo, una motivación que le genere el compromiso, una estrategia que sea razonable, no tiene que ser compleja, y una práctica constante para que, al final, no haya nada que creerse, porque tú mismo lo puedes verificar. Por ejemplo, yo aprendí inglés ya siendo un adolescente, y para mí era absolutamente imposible, o sea, es que no me entraba nada y lo que me entraba no se me quedaba y lo que, a lo mejor, se me quedaba, luego no lo recordaba, con lo cual era ultrafrustrante y parecía que eso era un muro que no se podía romper. Sin embargo, yo tenía una enorme ilusión porque sabía que si yo aprendía inglés, yo tenía un buen expediente académico, si aprendía inglés, la facultad de medicina me podía becar a distintos hospitales del mundo, y eso fue mi pasión. ¿Qué estrategia tenía? En aquella época, yo ya tengo mucha juventud acumulada, en aquella época había un libro que era muy básico, no había sistemas tan avanzados como el Vaughan, había un sistema muy básico que era un manual, y me ponía a leer las lecciones diez minutos todos los días con esa pasión y con la ilusión de que se me quedara algo. Pasó un año, me presenté al primer examen y, claro, ellos me preguntaban en inglés y yo contestaba con el libro, claro, se me quedaban diciendo: "Nos contesta una cosa distinta", pero es lo que yo tenía. Pero yo seguí, y al año y medio, se me abrió la cabeza y empecé a absorber el inglés como si fuera una esponja marina. Hoy casi me manejo tan bien en inglés como en español. Lo que te quiero decir es que si fui capaz de romper ese muro, partiendo de la incapacidad absoluta de entender, o sea, no es que para mí fuera difícil, es que era imposible, pero ¿qué necesité? Una inspiración. Estuve dos años, diez minutos todos los días de forma ininterrumpida, ni siquiera cuando me dolía la cabeza, estuve enfermo con gripe, catarros, etcétera, nunca lo dejé. Claro que se puede cambiar, ahora, ¿estamos dispuestos a hacer el esfuerzo? Pero tiene que ser algo realmente ilusionante y ahí hubo un cambio en la estructura cerebral clarísimo, porque si no es incomprensible o me hicieron un trasplante cerebral y no me enteré, que es otra posibilidad. Hola, Mario, soy Adelaida. Como madre de dos hijas, nos ocupamos en casa de decirles que son queridas, a pesar de que no se coman toda la comida que tienen en la mesa, a pesar de que cometan equivocaciones, incluso a pesar de que discutimos y peleamos. El caso es que tienen dificultades al enfrentarse a situaciones nuevas. ¿Cómo podemos, como padres, ayudarles a que se enfrenten a esos miedos? Pues viendo que nosotros nos enfrentamos a los nuestros. ¿Sabes lo que pasa? Yo también tengo tres hijos, y resuena mucho conmigo o resuena mucho en mí lo que dices tú. Es difícil que los hijos aprendan valentía de los padres porque les queremos tanto que nuestro miedo a que les pase algo, nuestro miedo a que sufran, nuestro miedo a que lo pasen mal, hace que, muchas veces, tomemos una actitud hiperprotectora, y, a veces, son amigos suyos, otros familiares los que dicen: "Atrévete, prueba esto, etcétera". Entonces, yo te diría, en relación a tu pregunta, es decir, como madre qué puedes hacer. En primer lugar entender que es normal que nuestros hijos se den golpes, es normal que nuestros hijos experimenten frustraciones y es normal que experimenten dolor, si no, no hay crecimiento, y, a veces, los tenemos un poquito entre palmitas, que no le pase nada, no vaya a sufrir... Yo lo que te diría es que hagas tres cosas: lo primero es valorarles, tú ya les estás valorando, les valoras como personas; la segunda es desafiarles, es importante que les desafíes para que ellos crezcan; y la tercera es acompañarles, es decir, que muchas veces no se sientan solos en el desafío. Hay desafíos que verdaderamente para todo ser humano, y en unos niños el que corresponde a su edad, dan mucho miedo. Si se sienten acompañados, no quiere decir llevarles de la mano, si se sienten acompañados, se atreven mucho más. Yo haría esas tres cosas, sencillamente, valorarles, desafiarles y acompañarles, y luego, dejar que la naturaleza obre. La realidad y el mundo real, al menos como yo lo veo, es mucho más benevolente que el mundo mental. El mundo mental nos monta unas historias... Creo que es experiencia de muchos, sino de todos los que estamos aquí, como cuando algo nos ha dado miedo y hemos dicho: "Tengo que hacerlo" y lo hemos hecho: "Pero si no era para tanto". El miedo tenemos que verlo, no como un oponente, sino como un compañero imprescindible para crecer. Cuando una persona siente miedo, estamos hablando de los miedos habituales, no estoy hablando delante del depredador, cuando una persona siente miedo es porque está tocando las barreras, los límites de su zona de confort, y esa es la llamada para estirarse, esa es la llamada para crecer. Toda la magia está fuera de la zona de confort, todos tenemos miedo. En una ocasión, a un piloto, hace muchos años, un norteamericano, uno de los mejores pilotos de Boeing 747, los Jumbo, le preguntaron qué sentía al despegar con cuatrocientos pasajeros, y él dijo: "Miedo", y el que le entrevistó dijo: "Dios mío, ¿cómo puede tener miedo?", dijo: "No, yo tengo miedo, que no es lo mismo que el miedo me tenga a mí. Cuando yo tengo miedo, tengo un nivel de atención, de alerta, un nivel de eficiencia que no tendría si para mí fuera algo banal, estaría mucho más despistado, ahí estoy atento. Pero el miedo no me tiene a mí, es decir, yo no estoy en pánico, es completamente diferente". Ese puntito tenemos que verlo. Luego, que vean en ti, también, como yo procuro con mis errores, por supuesto, que vean en mí que hay una coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Porque, al final, nuestros hijos no van a hacer lo que les digamos, van a hacer lo que vean. Hola, Mario. Mi nombre es Fernando y soy director pedagógico en un colegio. Mi pregunta está relacionada con el micromundo que es siempre un aula. ¿Por qué es tan importante el estado de ánimo de alumnos y profesores en el proceso de aprendizaje y qué estrategias podemos utilizar para conseguir que ese estado de ánimo sea el óptimo? Me gusta especialmente de tu pregunta que incluyas tanto a alumnos como profesores, porque creo que es importantísimo valorar el estado de ánimo del profesor. Un sistema educativo que no valora el estado de ánimo del profesor creo que se equivoca profundamente. Es el elemento más importante del sistema educativo, no es la tecnología, no es el aspecto de las aulas ni el tamaño de los campos deportivos, es el profesor, y si un profesor ha perdido el ánimo, ánimo es alma, se ha desanimado, es importante ayudar a esa persona a que recupere el ánimo porque, primero, es una profesión importantísima, segundo, lo necesita para estar bien y lo necesita para enseñar bien. Igual pasa con el alumno, si un alumno ha perdido el ánimo, es muy difícil que pueda captar nada. ¿Por qué es tan importante? Nosotros somos hijos de Descartes, y Descartes, filósofo del siglo XVII, padre de la filosofía racionalista, obviamente, fue un hombre muy brillante. Sin embargo, dijo algo que penetró mucho en el inconsciente colectivo, y vivimos de acuerdo a aquello. Hablaba de que había procesos mentales, "res cogitans", y elementos físicos corporales, "res extensa", que no se comunicaban prácticamente. Esto nos ha llevado a pensar que el aprendizaje, el conocimiento, son una cosa fundamentalmente intelectual, cognitiva, y el elemento emocional era un tema de pasada, si estabas a gusto bien, pero tampoco afectaba. Uno de mis maestros, Antonio Damasio, escribió un libro precioso con un gran componente científico que se llama El error de Descartes, donde claramente muestra que si tú aboles, dañas la parte emocional, inevitablemente estás perturbando y dañando seriamente la parte cognitiva. Cuando se estudia neurociencia afectiva se ve que una persona, por ejemplo, que haya perdido el ánimo, que esté desilusionada, que esté desesperanzada, que se sienta impotente, no tiene el mismo riego cerebral que una que se sienta con ilusión, con ánimo y con ganas. Las zonas más anteriores del cerebro, lo que se llaman áreas prefrontales, que son esenciales en el mantenimiento de la atención, en la memoria, en el aprendizaje y en la creatividad, son muy dependientes del estado emocional, por eso una persona entusiasmada con un proyecto, ilusionada, que se siente a gusto, acompañada de gente que cree en ella, etcétera, es una persona mucho más inteligente, creativa y emprendedora. La misma persona, si le cae el ánimo, si se siente incapaz, etcétera, no importa si es capaz o no, no ejercitará esas capacidades porque las tiene abolidas. El cuidado el ánimo, del estado del ánimo, en alumnos y profesores es clave. O sea, a veces nos embelesa la tecnología, y está muy bien la tecnología, pero el elemento esencial siempre será el profesor y su relación con el alumno. Siempre, afortunadamente, será un elemento humano, esto será insustituible, entonces, por eso me parece clave. Cuando uno sabe que esto es importante, lo puede cuidar. ¿Qué se puede hacer? Lo que se puede hacer es, sencillamente, crear un espacio de verdadera escucha, donde las personas, sin ningún tipo de miedo, puedan transmitir lo que sienten y lo que necesitan y no tener que ocultárselo, y si un profesor dice: "He perdido el ánimo", es importante creer en esa persona, valorarla, desafiarla y acompañarla a que lo recupere. Si ni siquiera esa persona transmite que ha perdido el ánimo, porque no siente que hay un espacio dispuesto a escuchar eso, ¿cómo la vamos a ayudar? Si un alumno en un momento determinado se siente desanimado, ¿qué importante es que pueda transmitírselo a un profesor para que lo ayude? Tenemos un concepto absolutamente obsoleto de la inteligencia, de la creatividad, creemos que son capacidades fijas. El propio Daniel Goleman hizo un estudio en un barrio de Boston, yo ejercí como cirujano en Boston, un barrio que se llama Roxbury, que es un barrio muy complicado, niños con cocientes intelectuales muy bajos. Empezó a ilusionarles, empezó a motivarles, empezó a hacerles creer en sí mismos y en sus posibilidades. Pasados unos meses, les volvieron a hacer un test de cociente intelectual, que lo lógico era que sacaran la misma puntuación, y algunos sacaron 20 puntos más. Lo que no podemos es creer que el ser humano... Qué bien lo decía Ortega y Gasset, decía: "El ser humano no es un participio, sino un gerundio. No estamos hechos del todo, sino que nos vamos haciendo". La inteligencia se va haciendo, la creatividad, todo se va haciendo, y la conexión es el ánimo que tienes, la ilusión. Pues, curiosamente, esto, a pesar de toda la investigación que hay que lo refuerza, sigue siendo, en muchos medios, una rareza. Es como una conversación que no se tiene, parece que estamos en el siglo XVII, que hemos avanzado tecnológicamente, pero no tenemos el tipo de conversación que podríamos tener para tocar temas de esta envergadura, y no hay nadie que no tenga momentos con el ánimo caído y necesite que alguien le ayude a levantarlo. Si lo podemos expresar con confianza, si podemos abrir nuestra vulnerabilidad sin sentirnos en peligro, es que todos ganamos. Eso es lo que yo te diría. Hola, Mario. Me gustaría que nos contaras algunas técnicas, consejos o pautas que transmitir a nuestros hijos cuando se ponen nerviosos ante un examen, esa situación de estrés, de nervios que vivimos, cómo manejarla. El estrés es un campo muy amplio y de gran calado. Entonces, yo lo que te diría es que la razón por la que nos ponemos nerviosos la mayor parte de las veces, no es por el hecho en sí, sino por la historia que nos contamos acerca del hecho. Es decir, hay un examen y esto, obviamente, es una prueba. Vamos a ver, si no tienes ni idea del contenido, es normal que estés nervioso, pero eso ni lo estamos considerando aquí. A una persona que va a un examen sin estudiar, le puedes decir: "Ponte a hacer un poco de mindfulness; no te va a venir la ciencia infusa". Entonces, hablamos de una persona que por lo menos ha hecho un esfuerzo, tiene un cierto conocimiento del contenido y lo que quiere es expresarlo bien, ¿por qué se pone especialmente nerviosa esa persona? Por lo que se está contando a sí misma. Hay un diálogo interno que es absoluto ruido mental que está diciendo: "Anda que si sale la pregunta que no te sabes, si no lo escribes bien". Es un discurso que ha sido fotografiado con técnicas de resonancia funcional magnética en cuanto a activación de centros cerebrales que corresponden a ese discurso. Yo te diría que hay varias cosas que sabemos que ayudan a reducir ese estado, vamos a llamarlo ruido mental, nerviosismo como consecuencia de ruido mental. En primer lugar es hacer ejercicio físico, el ejercicio físico por sí solo tiene la capacidad de reducir el ruido mental. El ejercicio físico no implica apuntarse a un gimnasio, sino moverse más. En segundo lugar, poderlo hablar con alguien de confianza, poder hablar el sentir, poder contarle el sentir y, a veces, si no tienes a nadie, escribe lo que te preocupa, pero en un papel tan pequeño que casi no lo puedas ver, porque el cerebro interpreta que si puedes poner el problema en un tamaño tan pequeño, es que el problema no es tan grande. La siguiente cosa que te diría es que se entrenen en una cosa que cada vez tiene, por pura lógica, más difusión, que son los estados contemplativos de la conciencia o mindfulness, que lo único que significa es que se entrene en prestar atención a las cosas que son reales, como su respiración, como las sensaciones del cuerpo, porque lo otro es mental. Cuando la narrativa no recibe la misma atención, empieza a tener menos impacto, y hay una cosa que es clave en el adiestramiento, y yo he visto su tremenda eficacia, que es acostumbrarte a traer la atención al aquí y al ahora. Es decir, por ejemplo, vamos a suponer que uno de tus hijos está preparándose para el examen y nervioso, como puede estar uno de los míos y cualquiera de nosotros, es una cosa que todos podemos compartir, relacionarnos perfectamente con esa situación. Pues claro, empieza a pensar: "No, si hubiera estudiado más, si ya me lo decía mamá, 'no veas tanta tele y estudia un poco más' y no lo he hecho. Anda que si ahora lo hago mal en el examen". Fíjate que cosa, que truco tan sutil y demoledor de lo que se llama la mente dualista, te está llevando para atrás a lamentarte, y te está llevando al futuro a preocuparte, te priva de fuerza en el presente. Una cosa que procuro entrenar todo lo que puedo es cuando veo que me estoy lamentando de algo del pasado, vuelvo al presente, porque caemos en la tentación de pensar que cuando miro atrás para lamentarme de algo no lo volveré a repetir, es mentira, es un truco para que te sientas fatal. Eso es como cuando uno ha decidido reducir su ingesta, lo que come, y llega el momento del postre, y se acerca el camarero y te dice: "Por cierto, la especialidad aquí son los postres", y entonces, tímidamente preguntas: "¿No tendrá algo de chocolate?", y dice: "Señor, la mejor tarta de chocolate del mundo". Entonces, es como un deseo irrefrenable de comerte esa tarta de chocolate. Entonces, te la comes y cuando te la has comido, empiezas a sentirte culpable: "No me la tendría que haber comido", es la misma mente jugando de tal manera que te tenga siempre atrapado. Primero hace que esa tarta de chocolate sea absolutamente tentadora, y lo segundo, hace que te sientas culpable. Yo me pregunto: ¿hay alguien que por sentirse culpable ha cambiado alguna conducta? No. Llega la próxima tarta de chocolate y vuelves a caer. Quiero decir que cuando se habla tanto del aquí y el ahora, parece que tiene una connotación metafísica o filosófica, no, es tremendamente práctica. Cuando tú estás aquí y ahora, la mente no tiene la capacidad de meter tanto ruido. Lo que genera nervios es la mente. Por ejemplo, un opositor, este sí que es un examen donde una persona se juega tres, cuatro, cinco años de estudio, 13 horas diarias, saliendo, como mucho, un día o medio día a la semana e hipotecando toda su vida profesional a ese examen. 300 temas, se los sabe, llega, le dan al bombo, tema 120, y se queda en blanco. Se retira, se levanta de la silla, se va y justo le sale el tema 120. ¿Se lo sabía? Sí. ¿Por qué no ha salido? Porque la narrativa ha empezado a decirle: "Nunca serás notario". Ese es el problema, es un entrenamiento porque hay que ir en contra de un condicionamiento mental previo. El tema es: ¿Cuánto nos va a costar?, no creo que sea la pregunta, es: ¿hasta dónde nos puede a llevar? Hola, Mario, soy María. ¿Nos podrías contar qué es el mindfulness, cómo funciona, y qué evidencias científicas tiene? Sí, claro que sí, María. Lo que pasa es que lo voy a contar de una manera muy visual, porque creo que lo vamos a ver mejor. Vamos a suponer que tú y yo estamos dando un paseo, entramos en un parque y vemos un lago no muy grande, pero un lago. Nos asomamos a ver qué hay en el fondo del lago y si el lago es profundo o no lo es, pero no podemos ver el fondo, ¿por qué no lo vemos, María? ¿Porque está el agua turbia? Muy bien, una de ellas es que el agua esté turbia. Si el agua está turbia, no podemos ver el fondo, y si el agua no estuviera turbia, sino que fuera absolutamente cristalina, ¿por qué no vemos el fondo? Pues a lo mejor no lo vemos porque esa agua está agitada. Vamos a suponer que conseguimos que esa agua se serene, que esa agua se tranquilice, podemos ver el fondo que puede tener gran profundidad, ¿verdad? ¿Qué hay en el fondo? En el fondo puede haber grandes tesoros, ¿no? Me permito recordar que algunos de los mejores tratamientos oncológicos que hay en la actualidad se han obtenido de esponjas marinas, hay grandes tesoros, grandes oportunidades, y también podemos ver cosas que no tendrían que estar ahí, plásticos, basura en el fondo del mar que está haciendo daño a la naturaleza. Eso es lo que hace el mindfulness. Nuestra mente está agitada y, como está agitada, no vemos nuestro potencial ni tampoco vemos aquello que nos está lastrando. Cuando conseguimos que esa agua, esa mente se serene, empezamos a ver cosas en nosotros y a experimentar sensaciones y a experimentar, realmente, descubrimientos, revelaciones, en el sentido de cosas que estaban veladas y se ven, que tienen un poder transformador en la vida, y también empiezas a ver aquellas cosas que no habías visto de ti y que realmente te están haciendo la vida difícil, y, a veces, para poder limpiar un poco el agua, hay que descubrir dónde está la suciedad. Esto lo permite el mindfullness, el mindfulness es un ejercicio puro de la atención para serenar esa mente que, por razones que todavía no conocemos, está agitada, y como está agitada, no podemos reconectar con nuestro potencial oculto ni sabemos por qué tantas cosas que son pequeñas nos alteran de una manera tan grande. El mindfulness ya está descrito en la literatura india desde el Bhagavad-Gita de hace 3500 años, cuando el krishna le dice al príncipe Arjuna: "La mente es difícil de manejar como el viento". y cuando cerca del Nepal, el príncipe Gautama Siddhartha, Shakyamuni Buddha, el primer buda, el primer despierto, según el lenguaje sánscrito, descubre que el dolor es parte de la vida, pero el sufrimiento lo genera este movimiento de la mente y que la forma de combatir ese sufrimiento es estabilizar la atención alejándola de esa narrativa, de esa rumiación constante, de ese ruido que nos impide reconectar con lo que somos. ¿La evidencia científica? Pues mira, es aplastante, aplastante tanto en la neurociencia contemplativa, que es la que se dedica a estudiar el efecto en el cerebro de los Taos meditativos, como en la fisiología cardíaca, en la endocrinología, en la neurología. Es que, fíjate, detrás de muchísimas enfermedades, por no decir de todas, hay un factor que puede pesar más o menos y que es la ansiedad. La ansiedad es generada por el ruido mental. La Universidad de Harvard es pionera en el mundo, entre el 60 y el 90 % de las consultas a médicos generales tienen como uno de los factores clave emociones perturbadoras, vivir en la ansiedad, vivir en la desesperanza, todas estas cosas. Eso es lo que hace el mindfullness. A nivel de cerebro, pues, por ejemplo, a nivel de cerebro, una cosa que hace es reducir el volumen de la amígdala. La amígdala, que no son estas, está en el cerebro. La amígdala es un núcleo que contiene grupos de neuronas muy relacionadas con el miedo y con la ira. Se ha podido observar con resonancia funcional magnética, que es una técnica de imagen para ver las partes más activas, una reducción en el volumen de la amígdala, la persona que practica este ejercicio de atención plena es menos propensa a vivir en miedo y en ira. Imaginemos lo que es esto para la humanidad. En segundo lugar, se ha visto un aumento del tamaño de la corteza prefrontal del lado izquierdo que es muy importante porque tiene un enorme impacto en el sistema de defensa del cuerpo, el sistema inmune. Otra cosas que se ha visto es que un sistema que se llama red neuronal por defecto, que es la que hace que estemos distraídos, empieza a amortiguarse, y otra red, que se llama red ejecutiva central es mucho más activa. Favorece a que te des cuenta de lo que pasa. Esto es importante, para reducir la incidencia de accidentes. Se han observado, por ejemplo, cambios en el sistema de defensa, en el sistema inmune. Gente que ha practicado mindfulness sin tener experiencia previa en absoluto durante cinco días a la semana, a lo largo de dos meses, veinte minutos cada día, han tenido aumentos entre el 12 y el 20 % del sistema inmune. Alguien dirá: "Eso no es mucho", que te suban el sueldo un 12 o un 20 %, verás lo contento que te pones. Claro, una subida de un 12 % o un 20 % del sistema inmune es que no te cojas una gripe, o que no te cojas un catarro, o si estás lidiando con un tumor, que tu cuerpo sea mucho más agresivo, mejoras en el tubo digestivo, te voy a contar una cosa que es alucinante, a mí me lo parece. El tubo digestivo controla el 80 % del sistema de defensa del cuerpo, está ahí, el tubo digestivo constituye otro cerebro complejísimo, con 500 millones de neuronas. Cuando una persona está supertensa, cuando está llena de ansiedad, empieza a producirse el paso de sustancias feas, quiero decir nocivas, desde la luz del intestino, del intestino delgado y, a veces, del colon, a la sangre y pueden dar lugar a procesos inflamatorios generalizados que ya se están empezando a relacionar como uno de los factores, uno solo, que podría tener su conexión con el Alzheimer, por ejemplo, hace más difícil el control de la glucosa, es alucinante, entonces, como el mundo emocional, perturbado por una mente agitada, acaba afectando todo el cuerpo. Hay estudios, por ejemplo, la aplicación de mindfullness a personas que están diagnosticadas de esclerosis múltiple, que es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, y se reduce la aparición de brotes, evoluciona por brotes, son menos intensos... Se está aplicando a un montón de cosas, y además por centros tremendamente serios donde la investigación no es cuestionable ni andan buscando especiales resultados, sino que están muy bien controlados. Lo que pasa que esto que tiene 3500 años de antigüedad solo le hemos dado una credibilidad cuando una serie de científicos se ha decidido a estudiar qué ocurre en el cerebro y en el cuerpo cuando una persona entra en estos estados de enfocarse en el aquí y en el ahora, y nos ha ayudado a darnos cuenta de la jaula de grillos que tenemos en la cabeza y que es una cosa difícil de creer, que te pasa una cosa que te disgusta por la mañana y te está rumiando hasta la noche, parece que somos vacas, y que el simple hecho de parar eso hace que el organismo, que tiene una capacidad natural de recuperación, pueda recuperarse. No hay nada mágico aquí, bueno, sí hay mágico, que la vida es mágica. Eso es lo que hay de mágico, pero, a veces, estos diálogos que tenemos bloquean la magia, no porque no la anulen, sino porque no la dejan florecer. Te he oído decir que la mayoría de los seres humanos se mueren con la música dentro sin haberla oído sonar. ¿Qué quieres decir exactamente con eso?, y, bueno, para los futuros padres, ¿qué podemos hacer para que a nuestros hijos no les pase eso? Recuerdo una cosa que leí de Víctor Hugo que me impresionó mucho. Víctor Hugo decía: "El problema nuestro no es que nos vamos a morir, es que no sabemos cómo vivir", y había un filósofo danés, Soren Kierkegaard, que decía: "La vida solo se puede vivir mirando hacia adelante y solo se puede entender mirando hacia detrás", los momentos donde ya esta existencia nuestra se acaba y una persona mira hacia atrás, y lo sabemos por los escritos de Elisabeth Kübler-Ross, que estuvo con muchas personas en esa situación, uno se da cuenta de la cantidad de cosas que podría haber hecho y no hizo. Cuando yo hablo de la música, creo que todo ser humano tiene música, lo que pasa es que está acostumbrado, no a oír su música, sino a oír su ruido. No tienen nada que ver el ruido con la música y, si te das cuenta y ves una partitura, si todas las notas fueran pegadas una tras otra, no tendríamos música, tendríamos ruido. Lo que hace que tengamos música es que haya espacios de silencio. Son esos espacios donde no hay ninguna nota los que permiten que en vez de ruido haya música. ¿Qué quiero decir? Quiero decir que esta vida, yo creo, que el tiempo que la vivamos es una vida para vivirla con intensidad, con dificultades, con desafíos, que nos enfoquemos en lo que realmente es relevante, que cuando llegue el final de nuestra vida, digamos, como Neruda: "Confieso que he vivido", que podamos decir: "Confieso que he vivido la vida y no que la he visto pasar", y esa toma de conciencia, esa reflexión es lo que creo que nos puede ayudar, sencillamente, a que la música emerja, porque el ser humano está llamado a eso, a hacer sonar su música, o sea, todos tenemos una música y es una música preciosa, todas diferentes, todas complementarias. Eso quiero decir, que no nos conformemos con vivir una vida de ruido, sino que vayamos encontrando esa música a base de enfocarnos en las prioridades, para que al final de nuestra vida, podamos decir, como decía Neruda: "Confieso que he vivido". Hola, Mario. Soy Charo, y mi pregunta es: ¿Por qué los humanos tropezamos cien veces con la misma piedra? Bueno, me temo que en este caso la respuesta será de menor nivel que la pregunta. Yo creo que los seres humanos tropezamos cien veces sobre la misma piedra por falta de humildad. La humildad es, para mí, la virtud más grande que existe porque es para una persona, probablemente, la más difícil de vivir plenamente, que no es la modestia, no es el ser una persona así apocada, es la humildad de corazón. Cuando una persona es realmente humilde, y no lo digo por mí, porque desafortunadamente no lo soy, sí por personas con las que he estado, grandísimos seres humanos con una humildad aplastante, son personas que tienen mentalidad de principiante, es decir, puede ser un premio Nobel y te escucha como si fuera un alumno tuyo, ¿yo que le puedo enseñar a este hombre? Pero está plenamente ahí. Cuando comete un error, lo que más le interesa no es buscar culpables, ni en él, ni en ella, ni en los demás, sino averiguar qué es lo que ha pasado. Es una mentalidad mucho más científica, interesada, curiosa, que una mentalidad enjuiciadora, porque creo que cuando una persona es humilde y tropieza con una piedra, está dispuesta a reconocer que ha tropezado con una piedra y no a intentar ocultarse ante sí misma o ante los demás que ha sucedido. Porque creo que cuando una persona es humilde y tropieza con una piedra, se deja asesorar, pregunta, escucha, pide ayuda y se deja ayudar. Creo que nuestra soberbia nos mata literalmente. No queremos aceptar las cosas como son, queremos que sean a nuestra medida, queremos que la vida se pliegue a nuestros deseos, por eso no fluimos con la vida. Cuando aparece algo que no nos gusta, nos preguntamos por qué, en lugar de para qué, y todo eso creo que es lo que hace que nos cueste aprender. Si yo lo llevara a una metáfora, creo que la vida se vive en plenitud cuando el que pilota el coche es la conciencia y en el copiloto va el ego, pero cuando el ego es el que pilota, te puedes tropezar cien, mil, cien mil y nunca aprenderá. Bueno, creo que ha llegado el momento ya de terminar, aparte de expresaros mi profunda gratitud por las dimensiones tan amplias y profundas de vuestras preguntas, pues un poco resumir, tal vez desde otro ángulo, lo que hemos estado hablando, que es que el ser humano es indivisible. O sea, una persona puede tener un hígado, pero una persona es más que su hígado. No somos casos clínicos interesantes, sino seres humanos completos, y que la faceta física, el cuidado del cuerpo, de la nutrición, el hacer ejercicio físico es muy importante, dormir bien, dormir suficiente es importante, es más importante dormir que comer fisiológicamente hablando, que la faceta mental es clave, que tenemos que aprender todos a gestionar mejor nuestra mente, a enfocarnos en lo esencial, a usar un lenguaje que nos ayude, no que nos anule, a interpretar las cosas de una forma que nos permita salir adelante, no quedarnos atascados, que el elemento afectivo es esencial, buscar lo positivo en las cosas, más que los "porqués", los "para qués", más que los "es ques", pues tal vez los "hay ques", a lo mejor más que "solo me queda", los "aún me queda", y que hay una dimensión espiritual en la existencia humana que es muy importante y que nos abraza a todos, que es la vida con propósito, que nuestro propósito no es solo experimentar la felicidad, sino ayudar a otros seres humanos, también, a ser felices. Decía Martin Buber, un magnífico filósofo alemán, decía que se puede vivir como si fueras el centro den una circunferencia o se puede vivir como si fueras el centro de una elipse, qué bonito, porque la elipse tiene dos centros, tú y yo, y así es como se construye el nosotros. Yo creo que todos, en la dimensión espiritual, lo que estamos llamados es a construir un nosotros, ayudarnos en este viaje fascinante que es la vida en nuestras distintas facetas, y que la educación, se valore o no, es increíblemente valiosa. ¿Cuántas cosas no tendríamos que padecer si las hubiéramos aprendido a edades más tempranas? ¿Cuántos conflictos no surgirían si los hubiéramos aprendido a resolver en un entorno escolar o cuando éramos más jovencitos? ¿Cuántos dones conoceríamos si los hubiéramos descubierto? Entonces, la educación es tarea de todos, y yo creo que nuestra responsabilidad es, cada uno en la medida de sus posibilidades, ayudar a valorar verdaderamente, no solo la importancia de la educación, sino la enorme importancia del maestro, la enorme importancia de la relación con el estudiante, valorar al estudiante porque es la persona que está en el momento cumbre de la vida para aprender y descubrir y entender que esto puede dar un gran sentido a nuestra vida, porque no es solo lo que nosotros logremos, es también el legado que dejamos y que puede afectar a muchas generaciones. Cambias un sistema educativo, lo mejoras, y eso puede tener un impacto como al tirar una piedrecita en un estanque y las ondas se extienden por todas partes. Pues eso, os animo a que cada uno, donde esté, como pueda, de la manera en que vea, viva de acuerdo a unos principios que, en el fondo, lo único que buscan es darle al ser humano su verdadera dignidad y su grandeza. Gracias.

jueves, 30 de abril de 2020